La Mujer de Sal – La Historia de Lot y su esposa Sara

 

 

Cada vez que digo mi primer nombre, después de tener que repetirlo al menos unas dos veces,  las personas me preguntan de dónde proviene, es entonces cuando les respondo que LOT es un nombre bíblico, y que además de eso es un nombre de varón.

Lot (לוט en hebreo, escondido y لوط (Lut) en árabe) es un personaje del Génesis.

Lot era hijo de Arán, hermano de Iscá y Mildá. Acompañó a su tío Abraham en el viaje a Canaán llevando consigo a su mujer Sara y sus hijas.

Una vez se separó de Abraham se instaló en la llanura de Sodoma y Gomorra. Huyó de Sodoma antes de su destrucción, avisado por Dios. Su mujer al darse vuelta (desobedeciendo el mandato de su dios) se convirtió en estatua de sal.

Cuando escapó de Sodoma, pidió a los ángeles enviados por Jehová pudiera huir a la pequeña ciudad de Zoar, estos le dijeron que no se destruiría esa ciudad y el la utiliza como ruta de escape. Pero Lot se va al monte a vivir con sus hijas porque tuvo miedo de vivir en Zoar y habitaron en una cueva. Lo que sigue de la historia es realmente espantoso así que si les interesa léanla ustedes porque me pareció sumamente desagradable colocarlo aquí.

Andrés Eloy Blanco, inspirado en esta historia utiliza su hábil pluma y nos deleita con  esta poesía, que más que eso, parece  una pintura de mil tonalidades blancas…

  LA MUJER DE SAL  

 

  ¡Oh, blancura imposible de la Amada imposible!
¡Por todos mis desvelos cruza, como un fantasma,
como un jirón de invierno, su carne sin penumbras,
inverosímilmente blanca!

¡Oh, blancura imposible,
que integra mis delirios y va sobre mi alma,
con la apariencia leve de un sudario
y la verdad de mármol de una lápida!

Si alguna vez la viste, filósofo ambulante,
devanador de calles, enredador de plazas,
tejedor de monólogos, si alguna vez la viste,
di si es verdad que te espantó mirarla.

El resumen de todas las blancuras
en Ella se anidó como una garza,
y fue en sus manos un sopor de ovejas
y fue lienzo de altar en su garganta.

Vibrante, musical y suspendida
sobre la tierra, su blancura se alza
y va floreando sobre el alto cielo
como un arbusto bajo la nevada.

¡Blancura universal, ¡cómo te miro
resumida al mirarla!
¡EI blancor de esos días tercamente lluviosos;
las estatuas de mármol recién inauguradas;
el estertor de la pechuga exangüe;
el ruedo que la mar prende a su falda;
la capa voladora del beduino
y sus tiendas errantes, palomar del Sahara;
los caminos ahogados en la arena;
al fondo de los árboles, la pared de una casa;
las tumbas escondidas en la noche;
el cirio iluminando la mortaja;
¡yacente livor del esqueleto
que el cincel del gusano cincelara;
esas frases inéditas, alargadas de aes,
con que los sordomudos desahogan su rabia;
las gotas de azahar sobre las bodas,
y en la Suprema hora de las ansias,
en el instante de aflojar los brazos,
aquel blanco en los ojos de la mujer cansada!

Blancura universal, ¡Cómo te miro
resumida, al mirarte!
El remoto dolor de los pañuelos
que aletean de adioses en la playa;
las velas de cien barcos bajo el sol,
que parece
que un gran lirio se hubiera deshojado
en la rada;
las nubecillas huérfanas que entristecen
los cielos
con la miseria de su buche de agua;
la alegría lustral del primer diente
que en la frescura del pezón se clava
y en la inquietud de una cabeza negra
la aguja cruel de la primera cana;
el alba, cuando bajo los rayos del ordeño
se amanece de leche la penumbra del ánfora;
el pan de trigo antes de entrar al horno;
el lecho albar que está estrenando sábanas
y la cuerda del patio con la ropa
que ponen a secar por la mañana!…

Mucho de amargo y mucho de imposible
tiene, en verdad, la carne de la Amada;
en Ella hay la amargura de esas drogas blanquísimas,
y es imposible como el Himalaya.

Su carne es la Primera Comunión de la Carne,
y tiene lo intocado de las páginas
donde no escribió nadie, porque esperan la mano
que escriba con su sangre la Primera Palabra.

¡Mujer de Nieve, inédita de los llanos polares!
¡Mujer de Sal, como la vieja Estatua!
Cuando duerme, su rostro
se debe confundir con la almohada,
y cuando muere la creerán dormida,
porque después de muerta no podrá ser más pálida.

¡Mujer de Nieve, efigie de la Muerte,
Mujer de Sal, Estatua!
Si has de venir a mí, ven por la senda
más nocturna o más blanca;
así te fundirás en el camino
y yo no te veré hasta la llegada.

Vendrás diciendo una palabra hueca,
con muchas aes y la voz muy baja;
tus dedos azulados palparán las tinieblas,
y un collar de corales, ciñendo tu garganta,
suspenderá hasta el vértice
de mis presentimientos
la evocación de las descabezadas.

Mujer de sal, mujer de nieve, siento
como un largo vacío tu blancura en el alma,
y voy a ti como al abismo el ciego,
aunque presienta que has de ser mañana,
Como la muerte, fría e imposible
y como la mujer de Lot, amarga…

Andrés Eloy Blanco                  

 

 

About these ads
This entry was posted in Historia y Poesía. Bookmark the permalink.

3 Responses to La Mujer de Sal – La Historia de Lot y su esposa Sara

  1. Unknown says:

    cuantas hijas tenia lot

  2. yoby says:

    en donde fue encomtrado la mujer de sal

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s